Cada vez que cierro los ojos, escondida entre cada resplandor. En el brillo que aun resta del sol, acaparando el negro vacio. Te vas dibujando como el tiempo que nos separa en los rojos pigmentos de mi memoria. Primero los ojos, con sus gotas de soledad brillando. Luego la piel, ese refujio de dulces caricias memoria de este inevitable segundo. Desde ahi hasta el movimiento, profundo sueño, de cada cabello.
Cada vez que me enrriedo en algo, que me atrapa la vida y no pretende soltarme; un refugio de aire libre son los labios filosos de tuyos mis sueños. Y en las palabras, mi enemigo sigiloso, el estigma del borde angosto que me separa del estandarte, amor.
Yo suplico, como un niño perdido enrrejado de por vida. Yo proclamo como reo de la verdad, que se me escapa de las reflexiones y se pierde en lo infinito de. Yo suspiro, levanto rapidamente la mirada y encurvo mis sentimientos pues la ira me pudo.
Yo soy un idiota, victima siempre. Y no logro ganarme, no logro expandirme, no logro salir de esta cueva que son mis ojos. No puedo ver, estoy ciego de necedad. Mi craneo explota contra el muro, como si un atropello valiera. Siento el aliento que me nace del interior y huele a hedor putrefacto. Estoy sucio y perdido intentando no caerme, me aferro a la realidad y solo escupo sangre fria.
Este sociego de encarnarse como un alguien diferente mata. Y aun asi entre las promesas que todo miedo ofrece, sos ese sueño. Esas palabras buscandose en el otro.
Yo no veo, no veo que sucede. Siento lo intrinseco de cada objeto plasmarse en el surco que apunta mi nariz. Pero no veo, soy tan diafano como el sol. Una forma de estar precipitandose hasta el fin.
Cada vez que me enrriedo en algo, que me atrapa la vida y no pretende soltarme; un refugio de aire libre son los labios filosos de tuyos mis sueños. Y en las palabras, mi enemigo sigiloso, el estigma del borde angosto que me separa del estandarte, amor.
Yo suplico, como un niño perdido enrrejado de por vida. Yo proclamo como reo de la verdad, que se me escapa de las reflexiones y se pierde en lo infinito de. Yo suspiro, levanto rapidamente la mirada y encurvo mis sentimientos pues la ira me pudo.
Yo soy un idiota, victima siempre. Y no logro ganarme, no logro expandirme, no logro salir de esta cueva que son mis ojos. No puedo ver, estoy ciego de necedad. Mi craneo explota contra el muro, como si un atropello valiera. Siento el aliento que me nace del interior y huele a hedor putrefacto. Estoy sucio y perdido intentando no caerme, me aferro a la realidad y solo escupo sangre fria.
Este sociego de encarnarse como un alguien diferente mata. Y aun asi entre las promesas que todo miedo ofrece, sos ese sueño. Esas palabras buscandose en el otro.
Yo no veo, no veo que sucede. Siento lo intrinseco de cada objeto plasmarse en el surco que apunta mi nariz. Pero no veo, soy tan diafano como el sol. Una forma de estar precipitandose hasta el fin.

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