¿Por que todos tiene una respuesta?
Eso es lo que esta ahí. La libertad es fiel, pero sistemas automáticos contradicen e inquietan, el calmo sonar de las olas chocando con la tierra ¡hay que desaparecer! Huir del colapso y el caos.
Un cuerpo que cambia de apariencia, y todo es simple en la cabeza. La vejez que ríe de los pasos flojos y se arrima cada día un poco mas, así como los perros que quieren morder algo contundente y abundante.
Y la aventura del que perdió su pasado se interroga sin cesar ¿Qué ser o qué no ser? Y ojalá entiendas mis palabras sean bien interpretadas, guiño. Pues claro también esta ¿Estar qué o no estar qué? Y el preciso momento se dilata en su efímera inexistencia. No es una simple abertura de cofre, pues no hay tesoro oculto. Tampoco miedo ¡oh que va a ser eso! Es simplemente la vida que arrincona al sujeto menos indicado para resolver ¿qué hacer? ¿A dónde ir?
¡Claro que no es miedo! Pues son solo momentos de lo inevitable, que son en su seguir siendo. El miedo en cambio, es a perder eso que se tiene y no se muestra. Algo así como descubrir en alguna conciencia que somos parte de los siete perros capitales. La avaricia, la envidia todos eso alimentos de la cotidianidad, que nos rodean de calma, que cesan la jaqueca y, claro, enturbian de culpa el agua de todos. Pero que decir, si perdemos eso nos auto-saboteamos, hallamos un ser que no es nada. Es un ser, un humano mas, y el miedo, jajaja, el miedo es eso. Es ser solo una opacidad en lo obvio del otro. Ese gran otro que nos delata en la justa oportunidad, nos aplasta en una oficina, oscura y vacía.
Lo que hay es una frustración de ser. El querer ser estallando en mil pedazos y el sujeto arrinconado por la realidad, que no cesa con su dialéctica moral. Es una cosa que acumula sin sentidos, y los proyecta sobre el muro de lo inevitable. Si se hallara un respuesta a la paradoja, solo se abrirían más paradojas y no habría sentido de dar un explicación.
Asi el héroe que pretende ser omnipotente, como un dios creciendo en el paraíso que es la seguridad, bien seguro de eso, muere por un cáncer, así el mendigo que sobrevive a todas sus guerras.
¿Es qué no se puede ver mas allá de lo malo y lo bueno?
Hay una anciana tendida de rodillas en la vereda, rogando un poco de dignidades. Cubierta de arapos, olorosa y cubierta de smog, lagrimea las misma palabras que quien pasa ¡las mismas! ¿Lo bueno? ¿Lo malo? Lo único que hay, eso, lo único que ver, la vida arrinconando al sujeto de las lenguas, apretando, suprimiendo con densidad la sangre de unas, débiles, venas. Todo lo demás son adornos, podemos pintar la foto de los colores que nos den mas satisfacción.
Buscamos una respuesta y encontramos más preguntas. Nos revolcamos, como lo hacen los cerdos, y revolvemos o resolvemos los conceptos.
¡Ah de la economía! El humano y la necesidad, una pareja monogamica. Mirar un poco más, ganar un poco más, etcs de más en más y claro explotar contra el muro de lo inevitable. Todos los dias, todo el día, morir vacío y lleno de verdades tan vacías como el ataúd unos meses después de que la tierra lo tape. Quizás, esa franja imperfecta de rojo que se hunde en el verde y el morado del alba sea tan verdadera como las bocinas, los gases y la solitarias ganad de algo más.
Eso es lo que esta ahí. La libertad es fiel, pero sistemas automáticos contradicen e inquietan, el calmo sonar de las olas chocando con la tierra ¡hay que desaparecer! Huir del colapso y el caos.
Un cuerpo que cambia de apariencia, y todo es simple en la cabeza. La vejez que ríe de los pasos flojos y se arrima cada día un poco mas, así como los perros que quieren morder algo contundente y abundante.
Y la aventura del que perdió su pasado se interroga sin cesar ¿Qué ser o qué no ser? Y ojalá entiendas mis palabras sean bien interpretadas, guiño. Pues claro también esta ¿Estar qué o no estar qué? Y el preciso momento se dilata en su efímera inexistencia. No es una simple abertura de cofre, pues no hay tesoro oculto. Tampoco miedo ¡oh que va a ser eso! Es simplemente la vida que arrincona al sujeto menos indicado para resolver ¿qué hacer? ¿A dónde ir?
¡Claro que no es miedo! Pues son solo momentos de lo inevitable, que son en su seguir siendo. El miedo en cambio, es a perder eso que se tiene y no se muestra. Algo así como descubrir en alguna conciencia que somos parte de los siete perros capitales. La avaricia, la envidia todos eso alimentos de la cotidianidad, que nos rodean de calma, que cesan la jaqueca y, claro, enturbian de culpa el agua de todos. Pero que decir, si perdemos eso nos auto-saboteamos, hallamos un ser que no es nada. Es un ser, un humano mas, y el miedo, jajaja, el miedo es eso. Es ser solo una opacidad en lo obvio del otro. Ese gran otro que nos delata en la justa oportunidad, nos aplasta en una oficina, oscura y vacía.
Lo que hay es una frustración de ser. El querer ser estallando en mil pedazos y el sujeto arrinconado por la realidad, que no cesa con su dialéctica moral. Es una cosa que acumula sin sentidos, y los proyecta sobre el muro de lo inevitable. Si se hallara un respuesta a la paradoja, solo se abrirían más paradojas y no habría sentido de dar un explicación.
Asi el héroe que pretende ser omnipotente, como un dios creciendo en el paraíso que es la seguridad, bien seguro de eso, muere por un cáncer, así el mendigo que sobrevive a todas sus guerras.
¿Es qué no se puede ver mas allá de lo malo y lo bueno?
Hay una anciana tendida de rodillas en la vereda, rogando un poco de dignidades. Cubierta de arapos, olorosa y cubierta de smog, lagrimea las misma palabras que quien pasa ¡las mismas! ¿Lo bueno? ¿Lo malo? Lo único que hay, eso, lo único que ver, la vida arrinconando al sujeto de las lenguas, apretando, suprimiendo con densidad la sangre de unas, débiles, venas. Todo lo demás son adornos, podemos pintar la foto de los colores que nos den mas satisfacción.
Buscamos una respuesta y encontramos más preguntas. Nos revolcamos, como lo hacen los cerdos, y revolvemos o resolvemos los conceptos.
¡Ah de la economía! El humano y la necesidad, una pareja monogamica. Mirar un poco más, ganar un poco más, etcs de más en más y claro explotar contra el muro de lo inevitable. Todos los dias, todo el día, morir vacío y lleno de verdades tan vacías como el ataúd unos meses después de que la tierra lo tape. Quizás, esa franja imperfecta de rojo que se hunde en el verde y el morado del alba sea tan verdadera como las bocinas, los gases y la solitarias ganad de algo más.



