Un todo, alborotado
Domingo nublado y tedioso.
Suspiros y recuerdos revolotean mi cabeza.
Un niño oligofrenico escondido en mis memorias y la histeria.
Cada palabra suelta rincones y vergüenza, ansiedad y el amor ausente mas presente que nunca.
Frío noctámbulo en reciprocidad onírica.
Términos estramboticos como el ser de los setenta, y la paz una pequeña luz de esperanza inalcanzable.
Amanece el lunes y con el la esperanza, una aguja infiel se hunde lentamente en mi cabeza. No respondo de mis deseos una sola palabra, ellos allá tan lejos como me he es posible, muertos de risa. La lluvia, el agua que tanto anhelamos, hoy es una maldita llaga abierta y el cielo gris una auténtica tragedia para nuestra psiquis.
Así como buscábamos el amor y conseguimos la libertad antonimo de vuestra falta. Así como fuimos en pos de la comunicación y conseguimos sentir el todo, esa unidad metafórica del lenguaje, como una nada, como un paisaje vacío. Una lengua sin saliva se asemeja a una explicación insulsa de algún profesor no incentivado de secundaria sobre el motivo de una ecuación matemática compleja.
El sueño y el deseo son tan similares cdo uno es similar a si mismo.
El martes asoma con nuevos escaparates nuevas vestimentas y nuevos renglones. la lluvia insiste con terquedad en dejar todo oxidado y al parecer el dios de las cosas naturales, esa doctrina insípida que inspira igualdad, nos quiere demostrar que el equilibrio existe que la regulación es un hecho, q las cosas se pudren y que es en vano estar reluciente cdo la muerte esta fisgoneando su lista.
En el fin, el final de lo que sentimos no de lo que hay.

