Como un perro que atraviesa la calle persiguiendo un deseo profundo. Estatico en si mismo, con el doble uso del simbolo, con la doble mirada. Nadando en los jugos del tiempo.
Las palabras, que tan extensas pueden llegar a ser. Y el humano en medio de este espactaculo grandioso. Nos adormecemos los unos con los otros, nos deseamos y nos vencemos y aun asi nos morimos plagados de dudas. Nos encontramos, ojos con ojos, ideas con ideas y nos dejamos vencer por las palabras mas crueles, sabiendo aun que son incapaces de demoler una materia.
En mis reflexiones del diario caminar y de la fatiga. No logro entender eso que nadie entiende. Me acerco lo acaricio, embebido en pulsiones de un cuerpo ansioso. Pero aun asi no logro explicar como es que hoy, estamos en hoy? Luego claro el tiempo me acorrala, y como dicen por ahi, este es dinero y el dinero es comida y la comida es vida y la vida es tiempo para comer y gastar.
Dando vueltas estaba ahi el mismo sujeto de siempre. Las misma complejas miserias y esa ausencia de respuesta, lo inevitable golpeando la puerta. Y asi se instala, asi con esa paz, tan ella misma, con ese remordimiento de todo.
El reflejo obsesivo se anunciaba en cada esquina, la voz de la verdad. Como sabemos acarrea un espiritu enardecido, flameando su escudo de hierro. Pero aun asi ahi esta, esperandose a si misma en cada pisada. Primero el derecho. No, la derecha. No, el deseo. De matar? Luego lo segundo, mas clara la logica? imposible. Genio estatico y mudo! La estatua de hombre que emerge del metro D.
La calle se interpone, desafiando, las gotas y el llanto de un infante ancestral. Son, como quien dice, la nueva cortina de sus ojos desafinados. Despacio, con esa cadencia de quien acarrea una marca insustituible se incorpora en la mixtura de una lengua, antes distinta a la de ahora.
La larga plaza y el solitario escenario de la comuna rodeado de pelos de piedra. El hogar de toda cultura visual enrrojeciendo aun mas el estrado. Los pajaros caminando ensimismados en la onirica musica de un paraiso vivo.
El silencio se mantiene, no hace falta hablar. El silencio se sostiene de si mismo. La ausencia, enbebida en agonica paciencia. Manos tiemblan, el cuerpo busca y la mente selecciona atentamente. Lo esperado es tan preciado, que actuarlo seria destruirlo.
Las palabras, que tan extensas pueden llegar a ser. Y el humano en medio de este espactaculo grandioso. Nos adormecemos los unos con los otros, nos deseamos y nos vencemos y aun asi nos morimos plagados de dudas. Nos encontramos, ojos con ojos, ideas con ideas y nos dejamos vencer por las palabras mas crueles, sabiendo aun que son incapaces de demoler una materia.
En mis reflexiones del diario caminar y de la fatiga. No logro entender eso que nadie entiende. Me acerco lo acaricio, embebido en pulsiones de un cuerpo ansioso. Pero aun asi no logro explicar como es que hoy, estamos en hoy? Luego claro el tiempo me acorrala, y como dicen por ahi, este es dinero y el dinero es comida y la comida es vida y la vida es tiempo para comer y gastar.
Dando vueltas estaba ahi el mismo sujeto de siempre. Las misma complejas miserias y esa ausencia de respuesta, lo inevitable golpeando la puerta. Y asi se instala, asi con esa paz, tan ella misma, con ese remordimiento de todo.
El reflejo obsesivo se anunciaba en cada esquina, la voz de la verdad. Como sabemos acarrea un espiritu enardecido, flameando su escudo de hierro. Pero aun asi ahi esta, esperandose a si misma en cada pisada. Primero el derecho. No, la derecha. No, el deseo. De matar? Luego lo segundo, mas clara la logica? imposible. Genio estatico y mudo! La estatua de hombre que emerge del metro D.
La calle se interpone, desafiando, las gotas y el llanto de un infante ancestral. Son, como quien dice, la nueva cortina de sus ojos desafinados. Despacio, con esa cadencia de quien acarrea una marca insustituible se incorpora en la mixtura de una lengua, antes distinta a la de ahora.
La larga plaza y el solitario escenario de la comuna rodeado de pelos de piedra. El hogar de toda cultura visual enrrojeciendo aun mas el estrado. Los pajaros caminando ensimismados en la onirica musica de un paraiso vivo.
El silencio se mantiene, no hace falta hablar. El silencio se sostiene de si mismo. La ausencia, enbebida en agonica paciencia. Manos tiemblan, el cuerpo busca y la mente selecciona atentamente. Lo esperado es tan preciado, que actuarlo seria destruirlo.

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